lunes, 20 de julio de 2009

Amante de las cosas imposibles


Supongo que a partir de que salí del útero de mi madre, deseaba con ansias abrir mis ojos al mundo que pensaba que se presentaría a mi alrededor. Las primeras luces que se daban en el lugar me indicaban que algo sorprendente estaba ante mí y quise con todas mis fuerzas poder pasar por cada experiencia única para unos cuantos en este mundo. De las pocas cosas que recuerdo de mi infancia, logro tener en mi cabeza la imagen de una niña que hacía o deseaba cosas que no hacian o pensaban los demás niños de su edad. Mi vida consistía en imaginar cosas que mi cuerpo no podía reproducir, pero mi alma era y es tan obstinada que con orgullo anhelaba el día en que pudiera tocar el cielo con mis manos para tener una bocanada de las nubes en mi estomago, en tomar una estrella y guardarla debajo de mi almohada sin que mis padres se dieran cuenta para que no pensaran que escape de casa.

Pero cada vez que pasaban los años, me aburría no poder cumplir esos deseos tan sencillos de pensar, así que me limite a centrarme en cosas más realizables. El final de mi niñez bombardeaba mis pensamientos y cada vez deseaba cosas que alguien de mi edad no se le ocurría… deseaba ser grande, deseaba dejar esa inocencia que solo me causaba un pensamiento ingenuo hacia las cosas. Deseaba saber de aquello por lo que los adultos enloquecían como animales indomables y que los más pequeños desconocían… el sexo tal vez no debía ser la mejor manera de ser grande pero al menos era más fácil que poder tomar aquella estrella que siempre estuvo en mis pensamientos. Tal vez, ese fue mi primera ruptura que dejo una marca imborrable en el rostro de mi existencia… este cambio brusco borro recuerdos de mi memoria, me permitió crecer en mente a pesar de que mi cuerpo era igual… pero mi alma aun estaba vacía y el deseo hacia lo que no se podía realizar creció cada vez mas.

El inicio de mi adolescencia se dio con altibajos como deseaba que así sucediera. La escuela no era parte de la vida que quería tener, no me representaba en absoluto: no esperaba la perfección que los profesores esperaban de sus alumnos… solo quería esa depravación a la que tantos le tenían miedo y que irónicamente todos deseaban. No me interesaba esas restricciones invisibles que se hacían las personas, solo quería entrar a eso que creían imposible para alguien como yo. Estaba sedienta por lo no cristiano, por los placeres, el cigarrillo, el trago, el deseo por ambos sexos, por lo mal visto y por la vida cargada de sensaciones que no se aceptan en una sociedad hipócrita. Que excitante era llevar dos vidas completamente opuestas cada jornada: por un lado, ser una estudiante modelo en la escuela, de la cual sus padres se sentían orgullosos y a la cual guardaban un futuro prometedor para ella esperando que fuera una excelente esposa, una profesional entregada a su trabajo y una madre ejemplar para sus hijos; por el otro, ser una chica entregada a lo enteramente placentero y no responderle a nadie por sus actos… una mujer que solo quería dar su vida por la entrega de su alma y cuerpo a la perdición de lo efímero. De día actuar como un Doctor Jekyll y de noche desencadenar mis manos y desenfrenarme como un Mister Hyde.

El final de mi adolescencia consistía en ese ritmo tan poco estable para algunos y especialmente imposible para otros. Pero eso que supuestamente era inalcanzable, era tan deseable y codiciado por cada parte de mi cuerpo… no me importaba nada más que lo que la vida nos ofrece y lo que la mayoría quiere negar. Esa presión de los demás me hacía dudar tanto de mi comportamiento que me entregue por completo a los libros que leía en esa época… aquellos que relataban esas vidas inestables de escritores, músicos y pintores que vagaban en las calles más peligrosas y sucias de la ciudad para buscar la inspiración en lo más indeseado por la sociedad supuestamente pulcra, recibiendo un amor físico por parte de sus musas y gastando gran parte de su tiempo en bares de mala muerte para hablar del sentido de la vida. Ese nuevo modelo llegaba a mis sentidos y me llenaban de energías para caminar sin rumbo en las calles más activas de la ciudad, para tomar y fumar en fiestas en las cuales terminaba con un ritual de besos ya fuera con un hombre o una mujer y así terminar en mi casa con la actitud de un cachorro arrepentido por haber llegado un poco tarde.

Tal vez había encontrado eso que creía imposible… esa vida compleja que se mimetizaba con dos mascaras opuestas, esta era la vida que había querido desde que vi las luces del quirófano. Pero como a cualquier persona medianamente normal, me llego lo que menos esperaba en el momento menos indicado: así como construye y solidifica, el amor destruye y diluye todo lo que te rodea. El haberme enamorado hizo que cambiara mi concepción de lo imposible ya que de lo mas físico que era tomar una estrella, pase a lo mas imperceptible como lo es alcanzar el corazón de alguien. Aquella persona me hizo desear con mas ansias lo que sabía que no podía lograr… haberme enamorado de una mujer en un entorno tan hostil frente a los tabúes hacia que la deseara cada vez mas. Destruyo todo… todo lo que creía que valía para mí y a pesar de que la intensidad en ir a esos lugares para calmar mis ansias fuera cada vez mayor, ya no valían nada. Pensaba que ese sentimiento tan confuso solo ocurría en esos momentos porque era la primera vez que me enamoraba pero la segunda vez fue igual o más intensa porque era más imposible de cumplir, o porque simplemente lo siento en estos momentos. Estaban cerca pero al mismo tiempo infinitamente lejos: una lo estaba en alma y la otra en cuerpo… que mas podría desear? La misma vida me ha dado lo que siempre había querido, y con este ultimo regalo tan solo me puedo limitar a esperar a que la existencia nuevamente me arrebate algo que nunca pueda recuperar.

Tal vez ese es el sentido de mi vida… solo centrarme en cosas que son difíciles de realizar. Aun no le veo sentido a estar en la escuela, pasar por la universidad, trabajar, casarse, tener hijos y nietos y finalmente morir en paz; yo deseo algo diferente, algo que me rete en lo que la gente no acostumbra a exigirse, deseo olvidarme un poco de la vida universitaria y encontrarle más sentido a lo que aun no he encontrado. Deseo alcanzar lo que he deseado hacia la persona que amo de forma desenfrenada, deseo encontrarle más magia a esta vida que está llena de extraños duendes y brujas que se disfrazan de personas. Me gustaría navegar por cada una de las estaciones de mis recuerdos e intentar enloquecer nuevamente y volver con Mister Hyde, pero al mismo tiempo deseo conocer nuevas cosas que requieren un poco de paciencia del Dr. Jekyll.

Vida un poco conflictiva para muchos pero no puedo evitarlo en cada momento del día… que habría de malo en volar en medio de nubes espesas mientras que sientes la frescura del viento? Que problema habría en volver a mi ambicioso plan de tomar finalmente esa estrella que aun sigue en mi cabeza? Que me importa que las personas crean que hay cosas que definitivamente no se pueden realizar si eso es lo único que me hace sentirme viva?

Que importa todo eso?... si para ello me considero una persona que desea lo que nadie desea para sí mismo: una amante de las cosas imposibles